Se disfrazan de marionetas de madera a tamaño natural. De las vigas descienden unas cuerdas doradas atadas a sus tobillos, sus muñecas y la parte superior del cráneo, con las que parecen ser manipulados en las danzas más encantadoras. Llevan dos círculos perfectos de carmín en sus blancas mejillas y tienen los ojos muy abiertos, como piezas de cristal. Es increíble la perfección con que simulan ser objetos inanimados.Pero la orquesta es otra maravilla. Con las caras pálidas y pintadas en el mismo estilo que los actores, los músicos imitan artilugios mecánicos, como si fueran muñecos articulados que, dándoles cuerda, pasaran el arco por sus pequeños instrumentos o soplaran sus pequeñas boquillas produciendo música de verdad. El espectáculo es tan cautivador que las damas y los caballeros que acuden a él discuten entre ellos sobre si actores y músicos son muñecos o personas de carne y hueso. Los hay que aseguran que todos ellos son de madera y que las voces que surgen de sus bocas son obra de ventrílocuos. En cuanto a las obras en sí, resultarían terriblemente inquietantes de no estar representadas con tanta belleza y habilidad. Uno de sus espectáculos más populares presenta al espectro de un vampiro surgiendo de la tumba a través de una plataforma del escenario. La criatura resulta aterradora, con sus harapos, sus cabellos revueltos y sus colmillos. Pero, ¡ay!, el vampiro se enamora enseguida de una mujer marioneta sin darse cuenta de que no está viva. Pero al no encontrar en el cuello de su amada sangre alguna que beber, el pobre vampiro no tarda en morir, en cuyo momento la marioneta revela que sí está viva, pese a ser de madera. Y entonces, con una pérfida sonrisa, lleva a cabo una danza triunfal sobre el cuerpo del vampiro derrotado. Le aseguro que ver la obra le hiela a uno la sangre. Y, a pesar de ello, el público aplaude y aclama la representación. En otra breve escena, las marionetas danzantes forman un círculo en torno a una muchacha humana y la engatusan para que se deje atar también con las cuerdas doradas como si fuera otra marioneta. El lamentable resultado es que las cuerdas la obligan a bailar hasta que pierde la vida. La muchacha suplica con gestos elocuentes que la liberen, pero las marionetas de verdad se limitan a reír y a hacer cabriolas mientras ella expira. La música es sobrenatural. Trae a la memoria las tonadas de los cíngaros en las ferias de pueblo. El director es monsieur de Lenfent, y suele ser el sonido de su violín el que abre la sesión nocturna.
Carta de Roget a Lestat Tomado de Lestat el Vampiro escrito por Anita Arroz

1 comentario:
Me encanta Theatre... hmmm, interesante lugar.
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