
…Y ella se dio la vuelta, su piel morena resplandeció bajo la espesa luz de la luna. No supe qué más decirle, ya todo en su inmenso corazón se había desmoronado. Una palabra mía había causado en ella el dolor más intenso que un mortal pueda experimentar. Pero no había marcha atrás, prefería escuchar sus sollozos que escucharla reír al lado mío mientras yo añoraba estar con otra. Disfrutaba más con sus lágrimas de vaca, que besarla apasionadamente acercándola fuertemente a mi insensible cuerpo. Disfrutaba con cada muestra de su dolor, que con toda la pasión que me brindó en el transcurso de estos largos y tediosos años.
De repente, pude ver cómo de su rostro emanaba el mas puro rencor, toda su ira se vió volcada en una siniestra mirada hacia mis labios, y casi entre los dientes me pidió que disfrutáramos los últimos instantes del mágico vinculo que hoy se había muerto entre las dos para siempre. Quise por última vez besarla, entregarle cada célula de mi descompuesto cadáver, destilar de ella toda la belleza que poseía en un largo roce de cuerpos; pero lo que no quería era contagiarme una vez más de toda esa lujuria que me atrapaba cuando sentía su piel descubierta, cuando su aliento con olor a hierbas me anunciaba la perdición.
Pude haber aceptado su propuesta, pero, en un segundo flotante, el instinto asesino irrumpió desde mi cabeza hasta mis talones. Era imposible de controlar, se apoderó de mis manos, y suavemente ellas se posaron alrededor de su cuello. Mis piernas, entretanto, rodearon aquel robusto torso con un ímpetu tan poderoso como aquel que brota en los orgasmos más satisfactorios. Sentí como sus rizos se enredaban entre mis dedos mientras ejercía mas presión en la garganta de ella, todo alrededor pareció callar ante tal maravilla. Trató de decirme algo, pero algo debajo de su piel crujió dulcemente. Ya todo estaba terminado, ella no conseguiría volver a fastidiar mi vida, ni yo tendría que seguir con mi juego de hipocresía y conveniencia. Tuve un sabor ácido en mi boca, mis entrañas se revolvieron extasiadas. Acaso ¿también era mi fin?
No, no lo era.
De repente, pude ver cómo de su rostro emanaba el mas puro rencor, toda su ira se vió volcada en una siniestra mirada hacia mis labios, y casi entre los dientes me pidió que disfrutáramos los últimos instantes del mágico vinculo que hoy se había muerto entre las dos para siempre. Quise por última vez besarla, entregarle cada célula de mi descompuesto cadáver, destilar de ella toda la belleza que poseía en un largo roce de cuerpos; pero lo que no quería era contagiarme una vez más de toda esa lujuria que me atrapaba cuando sentía su piel descubierta, cuando su aliento con olor a hierbas me anunciaba la perdición.
Pude haber aceptado su propuesta, pero, en un segundo flotante, el instinto asesino irrumpió desde mi cabeza hasta mis talones. Era imposible de controlar, se apoderó de mis manos, y suavemente ellas se posaron alrededor de su cuello. Mis piernas, entretanto, rodearon aquel robusto torso con un ímpetu tan poderoso como aquel que brota en los orgasmos más satisfactorios. Sentí como sus rizos se enredaban entre mis dedos mientras ejercía mas presión en la garganta de ella, todo alrededor pareció callar ante tal maravilla. Trató de decirme algo, pero algo debajo de su piel crujió dulcemente. Ya todo estaba terminado, ella no conseguiría volver a fastidiar mi vida, ni yo tendría que seguir con mi juego de hipocresía y conveniencia. Tuve un sabor ácido en mi boca, mis entrañas se revolvieron extasiadas. Acaso ¿también era mi fin?
No, no lo era.
Dedicado a "niño"


